Se sentó sobre la tarima como un niño retador que espera la reacción luego de la pilatuna, si hay alguien en el rock a quien preguntarle el abc de las travesuras sin importar su forma, es a Ozzy, ‘el príncipe’ en verdad es el rey en esto. Marcada la risa sobre los rostros del público colombiano continuaba el acto de uno de los padres del rock refundido por lustros para esta tierra indiferente que reconoce su figura en tan miserable Reality. El diario de este 'loco' contiene centenares de hojas demenciales, expediente que atinaba a ser corto pero dentro de la paradoja terrenal, la muerte (de visita en varias ocasiones) por fortuna apenas lo rozó, ni los gatos entienden cómo, es más, lo envidian. En medio del conflicto familiar desde su gélida tierra -Birmingham- canalizó aquella energía insana en la garganta, motivado por las notas de los Beatles; sesudo, alineó aquel don vocal en Black Sabbath la banda más pesada que el universo jamás haya palpado. Fue así como Colombia entró en la historia de: dedos izados, símbolo de paz, baño de agua, correría, de un 'te amo Bogotá... entre la locura y cordura de un icono genuino tal vez quedamos más perturbados nosotros.
En la ruta del Rock me he topado con varias cosas aprendidas empíricamente, entre ellas capturar imágenes. De profesiones varias no todas tituladas, soy feliz cuando mi cámara se echa a rodar, con la única intención que los protagonistas de estas historias en vivo, recuerden cómo ser felices. Colombia netamente tropical saturada de sonidos bailables, donde se negó la opción a otros igual de relevantes, tomar de nuevo esos pasajes, obtura la memoria dibujando una sonrisa, producto del corazón.
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miércoles, 10 de abril de 2013
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jueves, 14 de marzo de 2013
Quedó atrapado en la imagen con varios colores que representan el límite, especialmente el de tono rojizo, conductor de su crudeza vocal para arder en tarima. Randy Blythe parece entregarse aún cuando el velocímetro pretenda acorralar, desde el subterráneo se absorbe y expulsa con toda supremacía, aquella furia tocada por la lengua incoherente de los poderes abusivos que oprimen al mundo, desde el cordero de dios y sus catedrales, hasta los palacios absortos de corbatas sucias. Aparenta violencia en su proceder, naturelaza humana, sin embargo, miles de ojos contempladores colombianos atestiguaron en 2010 dos horas después, que el metal, si es férreo, pero no alcanza a herir, en cambio sana, libera. Randy asumió con la misma entereza con la que entra a escena y lleva ese tren musical al margen, un momento de su vida que casi lo encierra tras los muros de la infamia, redimido, ahora suelta las amarras en busca tal vez de una canción, en donde pueda emancipar la transgredida justicia.
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